Biodanza Sistema Rolando Toro International Biocentric Foundation
 

1-LOS LENGUAJES SILENCIOSOS

El diálogo entre dos personas no está compuesto sólo de palabras.  Cuando se intercambian las miradas, en realidad están dialogando dos ángeles, tal vez el ángel del amor con el ángel del deseo, o bien el ángel de la belleza con el ángel del caos.

El lenguaje de la mirada viene desde regiones muy profundas del ser y posee las características del misterio, de la aceptación, del miedo o de la furia.  Si somos sensibles a la mirada del otro podemos entrar en empatía o quedarnos fuera, recluidos en nuestra soledad. 

Cuando podemos “ver” al otro, comenzamos a amarlo.  Podemos cerrar los ojos para protegernos, o bien para sentir con intensidad el momento, pero también para encender una imagen querida.

El poema de Litaipo nos comunica ese íntimo acontecer en el que tratamos de evocar la imagen de un ser querido y retenerla.  Los ojos pueden ser los órganos de la evocación:

“Ya pastorea cerca de mí
el oscuro búfalo de la muerte.
Quisiera verte tan sólo una vez más
para que bajo mis párpados
se encienda tu imagen”.

El lenguaje silencioso de las miradas puede conducir al éxtasis y en ese intercambio de luz suave desaparece el tiempo y se ingresa en el “para siempre”.

Emmanuel Levinas ha descrito el estado de vínculo esencial a través de la mirada. Cuando dos personas se miran desde su propia sacralidad, unifican lo sagrado del uno con el otro, llegando al éxtasis supremo, la “experiencia epifánica”.

El lenguaje de la mirada puede comunicar también deseo y erotismo.  No es necesario declarar con palabras la pasión, la mirada expresa la ilusión o la voracidad de ternura.  Así, en el diálogo de la mirada se genera un elemento alucinatorio, un espacio compartido en el cual existen otras leyes no convencionales para decir lo que no se puede expresar con palabras.
El lenguaje de los gestos tiene algo de arcaico, un conjunto evanescente de matrices arquetípicas. La sonrisa, por ejemplo, es el más antiguo reflejo psicosocial.  Aparece en el niño alrededor de los tres meses de vida.  Los pueblos se diferencian por la sonrisa, ¡tantas ciudades con habitantes con rostros de animales tristes en la feroz depresión de sus almas!.
Los gestos de aproximación, las expresiones de las manos, la postura, los niveles de tensión y relajación provocan en el otro un contagioso estado de alerta. 
“Diálogo psicotónico” ha llamado Fast a los cambios de tensión muscular que provoca la sola presencia del otro.  La acción psicotónica puede ser registrada con un electromiógrafo conectado a los dialogantes;   solo la presencia del otro modifica el tonus muscular, generando diversos estados de tensión o relajación.
El diálogo endocrino es también un lenguaje silencioso.  Basta un contacto físico para que se deflagren diversos niveles de hormonas sexuales.  El diálogo de los besos induce un torrente de foliculina, testosterona y de neurotransmisores como la noradrenalina y la dopamina.  El beso no es solo la “unión de dos mucosas con discreto intercambio de microbios”, como lo definía un clínico.
El diálogo inmunológico es también una realidad científica.  Evidentemente hay personas tóxicas que nos hacen mal, nos deprimen, nos irritan o nos descalifican;  y también hay personas nutritivas que nos elevan el humor, nos dan paz y entusiasmo.  Estos cambios en el humor tienen su reflejo en las reacciones de defensa inmunológica.
Así lo afirma la expresión de Lopez Ibor:  “las personas se instalan en nuestros órganos”.  Unas se alojan en nuestro cerebro, otras en el corazón, algunas en el estómago o en los órganos sexuales.  La presencia de nuestro semejante no es simplemente una circunstancia externa; “Somos parte de los otros”.
Los lenguajes silenciosos constituyen una red de mensajes psíquicos y neuroquímicos frente a los cuales no estamos inmunes.  Por esto es saludable cultivar la “poética del encuentro humano”.  La danza en pareja, el abrazo y la Biodanza son formas prácticas de llevar adelante esta “poética del encuentro”.
Texto: “Los lenguajes silenciosos”
Prof. Rolando Toro Araneda

UNA CIVILIZACIÓN A LA DERIVA
Rolando Toro Araneda

En el Siglo XX sucedieron dos grandes guerras mundiales, que incluyeron el holocausto y la destrucción de ciudades indefensas mediante la bomba atómica, matando a todos sus habitantes. Además el mundo conoció más de ochenta guerras locales, con millones de muertos. El sufrimiento, el dolor y la desesperación frente a las guerras han sido las características de nuestro tiempo.

Todas estas acciones estuvieron justificadas por el “relativismo ético”, que justifica la infamia y el genocidio con “razones inteligentes”. Vemos todos los días que la sangre y el sufrimiento de otros no tienen valor alguno cuando están de por medio las ideologías.

Ahora bien, el cambio no puede ser ideológico o deontológico, lo que hay que cambiar es la condición afectiva del género humano; esto significa ni más ni menos que “cambiar el fatalismo histórico”.

Los actuales intentos para lograr la paz han sido insuficientes: ni los congresos por la paz, ni la intervención internacional para conciliar a los pueblos en conflicto, ni los acuerdos de desarmamiento han conseguido eliminar la violencia de nuestro planeta.

Pienso que el contacto afectivo es la acción política más poderosa; la sacralidad de la vida sólo se alcanzará con la conspiración del amor. La más alta característica de la evolución humana es la empatía y es respeto por la vida, podemos reaprender el amor mediante la Educación Biocéntrica.

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EL PRINCIPIO BIOCÉNTRICO
Rolando Toro Araneda

El Principio Biocéntrico que formulé en 1970, se inspira en el pensamiento de que el Universo está organizado en función de la vida.  Esto significa que la vida es una condición esencial en la génesis del universo.  La vida sería, según este abordaje, un proyecto-fuerza que conduce, a través de millones de años, la evolución del cosmos.

Diversos científicos piensan a la inversa, es decir que la vida es el resultado ocasional de la combinatoria de elementos atómicos;  este abordaje parece ingenuo.  La posibilidad de que se genere un organismo vivo por la combinación fortuita de elementos, sin una matriz organizadora previa, es impensable.  Ni en millones de años, el azar podría combinar con eficiencia los elementos atómicos para crear un organismo, aunque éste fuera muy simple.

Las relaciones de transformación materia-energía son evolutivas y constituyen diversos niveles de integración de la vida.  La materia-energía sólo puede generar un organismo vivo cuando el polvo cósmico obedece a una matriz previa de organización.

Todo aquello que existe, elementos, estrellas, plantas, animales y seres humanos, son componentes de un “sistema viviente mayor”.  “El universo existe porque existe la vida”, y no “la vida existe porque existe el universo”.  La evolución del universo es, en realidad, la evolución de la vida y culmina en el fenómeno de la conciencia.

Teilhard de Chardin propone que el universo sigue un programa teleonómico dirigido al “Punto Omega”, un estado supremo de perfección.  Esta idea ha sido muy controvertida, pero representa un hito en la concepción de un programa cósmico.

Eminentes científicos como Paul Davis, Carl Sagan, Fred Hoyle, Leo Villaverde, han llegado a la conclusión de que el universo es un gigantesco holograma vivo. 
El cosmólogo Christian de Duve, Premio Nóbel de Física, en su obra “El polvo cósmico” plantea “la vida como un imperativo cósmico”.

Ilya Prigogine, Premio Nobel de Física, ha desarrollado la “Teoría del Caos”, sosteniendo que los procesos que generan la vida se inician en las “zonas disipativas”, alejadas de los sistemas de orden. 

Las zonas disipativas constituyen condiciones de fluidez y dinamismo que facilitan procesos de organización (este proceso depende de las condiciones iniciales),  además constituyen la expresión de matrices de vida preexistentes.

Pienso que la vida es un “atractor biológico” en medio del caos cósmico.  El concepto de “atractor”, descrito por J.R. Newman en la Teoría del Caos,  se refiere a una fuerza extraña que aparece en algunos sistemas dinámicos y que tiene el poder de organizar los elementos.  Un sistema dado puede poseer varios atractores, cada uno de los cuales tiene su propia cuenca de atracción en el espacio.

El reino de la vida abarca todo lo que existe, desde los neutrinos hasta los quasares, desde las piedras hasta los pensamientos más sutiles.  Toda expresión, todo movimiento, toda danza es un “acto viviente”.

La desconexión de los hombres de la matriz cósmica de la vida ha generado, a través de la historia, formas culturales destructivas.  Las disociaciones cuerpo-alma y hombre-naturaleza han conducido a la profunda crisis en que vivimos.  Cuando tomamos conciencia de lo que significa “el milagro de la vida” que nos anima, se nos revela un sentido absoluto de valorización de la existencia.

Si tomamos como punto de partida las propuestas intrínsecas que surgen del acto de vivir y de la comunión con los seres vivos, tenemos que abandonar con absoluta decisión cualquier tipo de fundamentación cultural basada en el dinero y en el asesinato, así por ejemplo todo el delirio jurídico de Oriente y Occidente, con sus códigos y tribunales de justicia basados en ideologías y no en la vida;  las guerras también son la expresión de esa psicosis colectiva que niega la sacralidad de la vida.

El Principio Biocéntrico sitúa el respeto por la vida como centro y punto de partida de todas las disciplinas y comportamientos humanos;  restablece la noción de la sacralidad de la vida.  La cultura deberá estar organizada en función de la vida;  nuestras formas culturales son anti-vida.

La nueva ciencia unificada de la vida se basa en la fusión de todas las disciplinas del saber: Física, Química, Biología, Psicología, Sociología, Etología, etc.  Los fenómenos superiores de la mente, como el aprendizaje, la función creativa, la afectividad y la conciencia, deben ser incluidos en esa visión real del fenómeno de la vida.

Zibgnov Wollkovsky afirma que los organismos vivos son campos energéticos de gran complejidad y su estudio debe alcanzar no sólo el conjunto de procesos químicos y atómicos, sino todas las manifestaciones de la vida en una visión de conjunto.

Nuestro abordaje epistemológico parte de la percepción de la “Unidad Suprema de la Vida”, en un programa implicado que guía la construcción del universo.

Comparto sin reticencias el abordaje de David Bohm  que afirma:  “Los datos reales de la ciencia sólo parecen tener sentido sobre algún tipo de fundamento implicado o trascendental, subyacentes a los datos explícitos”.

La percepción de la “Unidad Suprema” experimentada por los místicos, es perfectamente coherente con esta visión.  Podemos descubrir en estados expansivos de conciencia esta realidad fundadora y penetrar en las raíces de una “Cultura de la vida”.

La propuesta del Principio Biocéntrico en situar “la vida al centro” de todas las actividades humanas, en particular en las ciencias como Educación, Psicoterapia, Economía y Jurisprudencia. Es, quizás, el abordaje más apropiado para pensar en la educación en un contexto de totalidad.

La aparición de la conciencia y del amor en la evolución de la vida, constituyen dos acontecimientos cumbres que tienen el poder de impulsar nuevas formas evolutivas de la especie humana. Por esta razón creo necesario hacer algunas consideraciones sobre la evolución de la vida y de sus manifestaciones profundas. Este abordaje puede conferir a la educación un punto de partida originario.

Los actuales estudios sobre la evolución de la vida han demostrado que hay un progreso ostensivo en las estrategias morfogenéticas y psíquicas de diversas especies, si un organismo no evoluciona, desaparece de la biosfera.

Aunque algunas funciones biológicas son más perfectas en los animales que en el hombre, el nivel evolutivo - que culmina en la posición erecta, en el lenguaje, en la conciencia y en el amor – parecen ser de una excelencia diferente debido a que estas características le confieren una gran autonomía creativa respecto a cualquier otra programación animal.

Nuestra aproximación al enigma de la vida es intuitiva, algo así como la comprensión de una obra de arte. La percepción estética es indemostrable e inaccesible a la cognición racional, se trata de una vivencia y, por lo tanto, una experiencia personal.

La ciencia ha conseguido el acceso al conocimiento de algunos procesos biológicos de inmensa complejidad y velocidad, tales procesos de organización dejan la impresión de que sus componentes tuvieran “conciencia propia”.

 

Un paradigma para las ciencias humanas:

El Principio Biocéntrico constituye el paradigma que podrá servir de fundamento a las ciencias humanas del futuro: educación, psicología, jurisprudencia, medicina y psicoterapia.

El Principio Biocéntrico sitúa el respeto a la vida como centro y punto de partida de todas las disciplinas y comportamientos humanos.

El sentimiento de amor podríamos definirlo como: “la experiencia suprema de contacto con la vida”. A través de Biodanza llegamos a la fuente originaria de los impulsos de vida. Danza, amor y vida son términos que aluden al fenómeno de “unicidad cósmica”. El núcleo creador de la cultura del tercer milenio está por nacer con la restitución de la sacralidad de la vida.

Desde el Principio Biocéntrico podemos concebir el universo como un gigantesco holograma vivo; la experiencia de unidad mística e identidad suprema para nosotros es perfectamente válida. Podemos descubrir en esta vivencia fundadora las “raíces de una cultura de la vida”.

Los códigos actuales de justicia, que se basan en la propiedad privada y no en la vida, son la expresión de una psicosis colectiva. La cultura debería estar organizada en función de la vida, nuestras formas culturales actuales son anti-vida. El Principio Biocéntrico surge, por lo tanto, de una propuesta anterior a la cultura y se nutre de los impulsos que generan procesos vivientes.

El Principio Biocéntrico propone la potenciación de la vida y la expresión de sus poderes evolutivos. Biodanza es, desde este punto de vista, “una poética de lo viviente, fundada en leyes universales que conservan y permiten la evolución de la vida”.

El Principio Biocéntrico es una referencia esencial al origen cósmico de la vida, una síntesis conceptual del ser humano con el magno proceso de integración con el universo, con su semejante y con su condición autónoma de amor y conciencia.

Prof. Rolando Toro Araneda

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Davis, Paul:  La totalidad y el orden implicado.  Editorial Kairos – Barcelona, 1988

Sagan, Carl:  Vida inteligente en el Universo. Random House, New York, 1966 

Hoyle, Fred:  El universo inteligente.  A. Mondadori Editores – Milán, 1989

Villaverde, Leo:  Biocosmos el universo vivo.  Editorial Cultrix.  Sao Paulo, Brasil

De Duve, Christian:  Polvo vital.  La vida como imperativo cósmico. (1995)

Prigogine, Ilya:  La termonidámica de la vida.  1972

Wollkovsky, Zibgnov:  Planeta N°177.  Editora Três,

Bohm, David:  La totalidad y el orden implicado.  Editorial Kairos – Barcelona, 1988

 

   
     
     
     
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